26 septiembre 2005

V Tertulia Caraqueña de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror

Definitivamente la organización de las tertulias comienza a pesarme un poco sobre los hombros. Hubo dos personas que querían tener la tertulia a partir de las 3 de la tarde, una que la quería a las 2 de la tarde. Y el primer asistente llegó casi a las 5. Tardaba cinco minutos más y ya no me hubiera encontrado.

Las tertulias no deben ser una obligación para nadie, deben constituir solamente una alternativa, un espacio para el encuentro fuera de este medio virtual como lo es el internet. Pero resulta una utopía el lograr un acuerdo entre todas las personas, un momento y un lugar que le sea agradable a todo el mundo. Es por eso que al final no me quedó más remedio que tomar una decisión basada en una votación simple entre los miembros de la lista de correo Tertulias_Venezolanas.

Y a pesar de todo, cada mes vienen menos personas. A la primera tertulia vinieron cerca de 20 personas. Para la cuarta fueron 7. En esta última fuimos 5.

Yo soñaba con que mucha gente se enterara y se animara a asistir. Soñaba con un grupo de gente que viniera, y luego comentara a sus amigos, y éstos a su vez a otros amigos. Y así, un mes vendrían algunos, otro mes vendrían otros, y la tertulia comenzaría a tener vida propia.

Así no sería una obligación para mí, sino un placer.

Pero esto no sucede, y no sé si es que le hace falta publicidad (la cual no soy capaz de manejar, además de la organización) o si es que el venezolano no está hecho para estas cosas.

En todas las tertulias han venido personas que luego no regresan. Eso me hace pensar en que no somos un grupo muy atractivo. Extraño especialmente a un chico peruano que vino a la primera, proveniente de la lista de correo Grupoasimov. Y a Kilior y a su novia, que vinieron a la segunda, y más nunca volvieron.

Es que ni siquiera mis amigos han ido. Esteban, Andrés, Pedro, Yadira, JC... todos lectores de los diversos géneros que nos ocupan. Y no han ido ni una vez, ni un ratito.

Me siento triste. Hubiera querido lograr algo que murió antes de nacer.
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