23 julio 2006

XV Tertulia Caraqueña de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror

La lluvia quiso jugarnos una mala pasada impidiendo que la gente llegase a la tertulia a tiempo. Al principio pensamos que íbamos a ser sólo cuatro gatos (bueno, seis), pero no podía llover por siempre (sí puede, pero que no se entere) y terminó escampando. Con el cese de las lluvias empezó a llegar un poco más de gente.

En beneficio de los nuevos visitantes, voy a poner aquí mismito los nombres de los asistentes: Sergio Soto, Farrens y Mirtha, Carlos Briceño y César Alvarado.

Luego llegó Daniel Achabal, generalista confeso :-)

Posteriormente, el Dragón Negro, fiel a su costumbre de salir lo menos presentable en las fotos, y Daniel Bastidas, que nos tenía abandonados.

Un poco más tarde, llegaron por fin Kilior y Yuhanny, que también estaban un poquito desaparecidos.

Como suele suceder, se hizo la hora de cerrar el local con nosotros adentro y, si bien no nos echaron, no hubo más remedio que pagar el consumo y seguir la tertulia en la Plaza.

El chiste de la noche fue que empezamos a bromear con la vendedora de polvorosas, que siempre se acerca a ofrecernos su mercancía, y esa noche estaba tardando más de lo usual. Yuhanny preguntó quién era la vendedora de polvorosas, pues ella no había compartido las anteriores veladas nocturnas en la Plaza. Nosotros enseguida la callamos, y uno del grupo le dijo que si nombraban tres veces (y ya iban dos) a la vendedora de polvorosas, se materializaba. Lo gracioso fue que pasamos un buen rato conversando y nada que la chica hacía acto de presencia. En una se esas, alguien la nombró. Dos minutos escasos después (cronometrado) aparece la chica ofreciendo las polvorosas. La cara de Yuhanny fue un poema y nuestras carcajadas también.

La tertulia prometía seguir, pero había una pandilla de muchachitos pidiendo dinero que nos estaba poniendo nerviosas a las chicas del grupo. Eran, fácil, como quince. Y cuando andan en grupo pueden ser peligrosos. Así que los que quedábamos emigramos a un local cercano, el Miga's de Altamira, a comer "algo dulce y rico" (palabras coreadas por las tres mujeres a sus respectivos acompañantes, jejejejeje). El que no sale en el retrato que nos inmortaliza es el Dragón Negro, quien tomó la foto. Me gustó el lugar, por cierto. Es un buen sitio para pasar la medianoche lejos de la calle y seguir conversando, siempre que no te importe que es un poco (bastante) caro.

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